Un retiro en Calatorao

Por todos esos momentos en los que me siento desajustada, perdida, sin consistencia.
Por todos esos momentos en los que la responsabilidad de vivir me desborda.
Por todas aquellas ocasiones en las que siento que la risa y la alegría pasan de largo ante mis ojos.
Por todo eso y por mucho más, necesito volver a casa.

Sentir más que nunca que estoy en el hogar, donde el fuego siempre está encendido y la techumbre me protege de las tormentas.
Volver a recordarme mirándome en el espejo de mis profundidades, donde soy genuina y pura.
Volver allí donde, un confuso día, no sé muy bien por qué, comencé el camino de la huida. Retomar ese camino de vuelta a mí misma será lo que me hará sentir de nuevo la fuerza y el sentido, le dará centro y realidad a esta locura diaria que padezco vivir.
Me tomaré unos días para ello, no tengo prisa, pero no haré transbordos, será un viaje al centro de mí misma, directo al corazón que hace tiempo que no escucho latir con alegría.
Encontrado el lugar y los compañeros de viaje, me dejaré caer, no sin antes soltar amarras, que nada dificulte mi regreso, ir perdiendo maletas, mi ser más puro no entiende de pesos ni equipajes y de este modo, dejarse sentir. Volver a hablar conmigo amorosamente, desde el amor incondicional, abrir las cortinas y dejar que entre la luz, barrer los rincones olvidados y poner música allí donde haya ruido.
No tengo nada planeado, sólo sé que vuelvo a casa y con eso, me basta, al fin en mí se hará el vacío que todo lo llena.
Cuando esté bien instalada en mí y sólo entonces, volveré a mi rutina, pero ya nada será igual, porque ahora me perteneceré, ya no seré más un ser errante, al fin estaré en mi hogar con la lumbre que lo alimenta.
Cuando las cosas parezcan ponerse duras ahí afuera, volveré a tomarme mi tiempo, cogeré mi billete sin transbordos y allí en cada latido de mi corazón, daré los pasos que me devuelvan de nuevo al hogar, porque una vez conquistado ya nada, ni nadie, te podrá alejar.

Ana Celma Maquieira
4 de enero de 2010