Hoy, es una llama que late dentro

Testimonios de Antonio Ballano
La inquebrantable voluntad de vencer V

Hoy, es una llama que late dentro
Delgada, fina y afilada
Azul celeste con un poco de cielo violeta

Es un impulso luminoso y suave
Es un calor, intimo y sedoso
Se extiende y crece y ríe y sabe

Me reconoce en la más pura esencia
Y me absorbe y deleita y hace grande
Y da luz y brillo a mi mirada
Y fuerza a mis brazos
Y esperanza a mi destino

Es amable y paciente y luce desnuda
La acepto, la miro, la observo sin más
Y brota silenciosa, llena de vida, de viva luz

Es la alegría de vivir que suavemente se desborda
Y me mece atisbando en la lejanía
La eterna y amorosa sonrisa del universo entero.
Nacimiento

Principio de algo o tiempo en el que se empieza.

-Dr. ¿tengo esperanzas o posibilidades? -Antonio, la situación es grave, esperanzas siempre te quedará alguna.

-¿Está mentalizado para recibir quimioterapia? -Totalmente.
-Empezamos el 26. Perfecto, el 26 es mi cumpleaños.

-Si prefieres cambiamos el día.
-Realmente no encuentro un día mejor, el 26 es perfecto.
-A las 9 entonces, serán unas seis horas.

Oscura noche, fuego y fiebre, duro, hinchado, doloroso, mis huesudas manos tocan la metástasis principal perfectamente perceptible al tacto, la noche es cerrada, espesa, inhóspita, ¿quizás sea tarde? Estoy débil y cansado, solo, llega como una ola que me inunda y lloro de impotencia y desesperación, es un llanto seco, hondo y sin consuelo.

Por fin estoy conectado, hoy es mi cumpleaños, la enfermera los cumple dos días después, el veneno pasa silencioso por el tubo transparente y se cuela dulcemente por el reservorio instalado en la parte superior derecha de mi pecho, en verdad es dulce, en verdad es un día alegre, mi madre me acompaña, hoy es un día alegre, todo brilla con luz propia, reconstruido y renovado, solo queda esperar los efectos secundarios.

Me siento morir

Los efectos secundarios me apagan y aplanan, parece como si mi cerebro fuese a dejar de funcionar, el agotamiento es infinito, todo pasará.

Vómitos de sangre, ambulancia, ingreso, más pinchazos, pruebas.

Primera revisión, el alien se estabiliza, buenas noticias.

Tu enfermedad es incurable y la metástasis del hígado inoperable, comienzan los tramites administrativos.

Pasa el tiempo, nuevos tratamientos, todo parece ir bien, el alien se reduce poco a poco.

En noviembre comencé a entrenar, gimnasio, pesas y tai-chi. Al principio un plan para octogenarios. Poco a poco voy avanzando, el deporte es un bálsamo curativo que me hace encontrar bien, poco a poco. Dos meses más tarde vuelvo a entrenar con mi sensei. Volver a practicar artes marciales, dentro de mis limitaciones, me reconforta, me hace sentir bien y es un balón de oxigeno importantísimo; aunque no pueda darle un seguimiento, constante el ambiente del DOJO es mágico.

Dejo mi vivienda y me traslado a vivir con mis padres. Los dos están enfermos; mi madre prácticamente ha perdido la visión por un glaucoma y retinopatía diabética; mi padre un enfisema pulmonar en estado avanzada. Está conectado a una maquina de oxigeno, tiene dolores muy agudos. Entre los tres nos vamos cuidando.

Noche dura. Tras más de 24 años de enfermedad y una media de tres ingresos anuales, la situación se agrava. Llega la ambulancia y se lleva a mi padre; ya no regresará a casa jamás.