¿Cómo mirar a los “vertiginosos ojos claros de la muerte” y no huir en el intento?

¿Cómo mirar a los “vertiginosos ojos claros de la muerte” y no huir en el intento? ¿Cómo encarar “el gran límite”? Afortunadamente algunos valientes han decidido dedicar parte de su vida a familiarizarse con la otra supuesta parte de la vida, la muerte y, todavía mejor, han decidido compartir su sabiduría y experiencia para “cultivar y difundir una actitud de afrontamiento a la muerte”.

La apuesta es arriesgada, pero hay pequeñas brechas de luz. Una de estas fisuras ocurrió el pasado mes de noviembre en el Templo Luz Serena cuando Mar López, que dio vida a la Fundación “Vivir un Buen Morir” y es instructora zen desde hace años, nos acompañó a una treintena de personas durante el taller “Acercamiento a un buen morir”.

En esta ocasión, dado el espacio en el que nos encontrábamos, el pensamiento budista -que podríamos a aventurarnos a resumir en un “seguir la vía del Dharma es aprender a morir”- impregnó algunas de las sesiones sobre la muerte. Pero, evidentemente, y como Mar nos advertía: la muerte es lo impensable. De modo que las sesiones se alternaban con ejercicios prácticos para que pudiéramos experimentar, conocer nuestros miedos y flaquezas (quizás algún logro) ante la muerte. Así podríamos comprendernos mejor a nosotros mismos y, por ende, comprender mejor a quienes estén en un momento de cercanía con la muerte.

Las exposiciones de Mar fueron claras, amenas, profundas. Los ejercicios prácticos, reveladores. El formato de retiro, con el cuidado de los voluntarios del precioso Templo y sabiéndonos bajo el amparo del maestro Dokushô Villalba, una oportunidad inmejorable. Adentrarnos en un tema tan delicado e íntimo, del que sólo un ambiente que dé confianza y sea armónico, y gracias a un acompañamiento de calidad y que inspire seguridad, como fue el de Mar, resultó ser una joya.

“Cualquier definición sobre la muerte será falsa o incompleta”, decía Mar. Pues bien, cualquier explicación sobre el valor del trabajo que realiza Mar y la Fundación “Vivir un Buen Morir”, será pobre. Porque gracias a la valiente e imprescindible tarea que llevan a cabo, el pasado mes de noviembre, algunos afortunados abrimos los ojos un poco más. Se hizo una brecha de luz. Si bien la muerte es lo insuperable, cada día podemos hacer de nuestra actitud hacia la muerte un compromiso para que nuestra vida y la de los demás sea más plena, más feliz.