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Testimonios de Antonio Ballano. La inquebrantable voluntad de vencer IV

Lágrimas del Neretva

He visto cementerios en los jardines, las adelfas besando cruces y lapidas, las oraciones mezclándose con el arrullo de los árboles. He visto la lucha diaria por la existencia y el odio manando en mil sorbos de sangre oscura, las miradas de hielo y el dolor del silencio de quien quiere gritar, soltar el alma en un rugido, pero calla y así muere por dentro.

El alcohol agrieta las heridas y, borracho de almas, se entrega al baile de la locura colectiva. Es la huida desbocada al infierno. Se escuchan disparos, es la nueva voz de la conciencia que nos llama a la eterna pregunta ¿Por qué?
Todo está enfermo, caótico y oscuro, pero la vida, manantial incansable, sigue su curso y alimenta la esperanza de un mañana distinto ¿quizás?

Así es la corriente efímera de la existencia aquí, un baile de locos y cuerdos y por enloquecer y por sanar, todos a la vez, el que grita y el que calla, el que siente y el que llora, el alba y el ocaso bailando en esta suave danza del día a día, drogados todos por la mutante e intrigante maquinaria del miedo y el odio, en una danza giratoria sin principio ni fin.

Destino

Fuerza desconocida que se cree obra sobre los hombres y los sucesos.

RES TREPIDAE: Afrontar con eficacia circunstancias adversas cambiantes e imprevistas (lema del G.R.S. 5)

En la Guardia Civil llamamos Destino al lugar donde trabajamos. Por lo general un cambio de destino suele implicar también un cambio de residencia y de condiciones de trabajo.

24 de mayo de 2005. El día de mi presentación en el nuevo destino, traje recto y formalidades militares, despedida de mi anterior jefe y presentación al nuevo. Aparentemente todo normal, excepto que aquella misma tarde tenia cita para realizar una colonoscopia, había perdido mucho peso y me encontraba débil, así que mi médico me encargó una.

Realmente pasé una mañana terrible; entre la carga emocional, tristeza por dejar mi querida unidad donde había pasado 14 años de intensa y fructífera vida profesional. Dejar muchos recuerdos, muchos amigos y compañeros y una experiencia tanto personal como profesional impagables. Y el natural nerviosismo al afrontar una nueva vida, con un trabajo totalmente distinto al hasta ahora realizado. Pues sumado a todo esto, el mejunje que se toma 24 horas antes de la colonoscopia, que es un laxante para diplodocus y que además me produjo dolores abdominales aleatorios pero intensos, aquella mañana se convirtió en, además de irrepetible, inolvidable.

-“¿Que tal te encuentras, hijo? “
-Mal, realmente mal- respondí desde mi máscara blanquecina, con un hilo de voz fruto del agotamiento.
-Bueno, vamos a comenzar la prueba.
En 10 segundos había finalizado. Me pareció un poco raro: cara de circunstancias, mano en el hombro y voz paternal: -nada hijo… a operar, en cuanto estén los resultados.

Así, mi destino dos veces en un solo día. ¿Cambio? O solo siguió su curso a expensas de lo que yo quería o pensaba. Nervios en el médico, llamada personal al cirujano, más pruebas de urgencia, radiografías, TAC y cirujano el lunes. “Operamos el viernes, Antonio, y te tengo que poner bolsa por colostomía; además, el TAC reveló múltiples metástasis hepáticas inoperables…
Decidí no contar a la familia este pequeño detalle por ahora. ¡Vaya lío, esto si es un cambio de destino en condiciones!. El tiempo pasa como una flecha, aquella semana la flecha iba a la velocidad de la luz, y yo era un zombi de acá para allá….

El día anterior a la operación, subí al monte para contemplar el atardecer.

Sentí una necesidad interior muy fuerte de hacerlo y allí estaba... A lo lejos el Moncayo gris, la muela negra, la vasta llanura, las luces tintineantes de los pequeños pueblos que comenzaban a surgir como estrellas en un mar de trigos y avena.

Y así, sentado en un viejo tocón, contemplando el vuelo silencioso de las aves y con el suave y refrescante viento como compañero, despedí en ese mágico instante, brindando al sol poniente, en este ocaso interior, al Ya viejo Antonio y sus también viejas ilusiones, esperanzas y proyectos y le di la bienvenida al nuevo, en compañía ¿cómo no? de cáncer de colón rectal metastásico estadio IV, un nuevo enemigo que, quiera o no, me acompañará hasta la muerte.

El nuevo Antonio, en este bardo, dispuesto a luchar por aquello que tantas veces había menospreciado y pasado inadvertido para mí: la idea de vivir, la ilusión de vivir, la alegría de vivir, la nueva lucha, la verdadera lucha por existir … Y, ante cualquier circunstancia por dura que sea, intentar ser feliz.

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Hospital. Tuve suerte, el enfermero me afeitó los genitales y cuartos traseros con destreza ante mi mal disimulada rigidez y respiraciones contenidas.

Tensa espera; madre, amigos, nervios previos a la faena, me llevan, conversación insustancial con el enfermero, llegamos al ruedo, gente simpática, confianza, batas verdes, movimiento, preparativos, bien, mi cirujano me aconseja, llega el segundo, el anestesista es muy simpático, me relajo y bromeo sobre la posición de parto prevista para mi operación, la carrera hacia lo inevitable está en marcha. Noto mi pulso en la sien, respiro hondo y zas nada.

Una voz, una voz, una voz lejana, sé hombre, es una voz. Antonio la operación ha salido bien, no fue necesario hacer la colostomía, te llevamos a la UCI.

La UCI, una amable sonrisa me recibe. Antonio, lo que necesites, llámanos.

Pocas veces en mi vida he visto personas tan entregadas a su trabajo. De este equipo destilaba una simpatía, una humanidad y un amor por su trabajo que literalmente aún me emociona. Estuve poco tiempo, pero los detalles, tanto conmigo como con los demás pacientes fueron de un tacto y delicadeza extraordinarios, cosa que se agradece mucho cuando uno está en mitad del dolor físico y la incertidumbre psicológica y se siente terriblemente débil y vulnerable, débil y vulnerable, sensación nueva y desconcertante para el que suscribe.

Bajamos a planta; la cosa cambia; dolor, los tiempos de espera son largos cuando necesitas algo, a veces es desesperante.

Tercer día: ataque de ansiedad por la mañana. Por la tarde un dolor intensísimo; grito, me administran calmantes, nada. Más de tres horas interminables de dolor, fuga de liquido fecaloideo (algo así como una peritonitis), mi madre histérica, mi hermano llora y yo estoy muy ocupado aullando. Llega el cirujano, todo se calma bajo sus manos mágicas, no será necesario operar de nuevo. Mi situación es grave: sonda gástrica, antibiótico, terapia de choque y sedantes que mitigan el dolor y me sumergen en un sopor que nubla mi consciencia. Tubos entran y salen de mi cuerpo de lugares imposibles. Todo me molesta, quiero estar solo. Todo se nubla y el tiempo y el espacio pierden todo el sentido. Creo que estoy muriendo, apagándome como una vela, lenta, suave e inexorablemente, morir así, pasar del sopor a la oscuridad sin darse cuenta, de la tarde a la noche, sin más. Recuerdo el seminario de la muerte en San Juan de Dios, la voz del maestro Dokushô, la meditación inducida hacia la clara luz, la radiante paz, la impermanencia, no apegarse, sssss, no apego, la impermanencia, ¿cómo era? Si, eso es, la clara luz, paz en la clara luz, dolor en la despedida, paz en la clara luz, paz en…

Me asean, me cuidan. Mi madre no se separa de mí a pesar de su creciente ceguera. Es una mujer valiente.

Me acurruco en mi semiinconsciencia. Respirar, sólo respirar. Quieto, estate quieto. Para, no puedes ya ni pensar, solo un hilo delgado, fino, inconsistente. Dejadme, me siento muy mal, todo se viene abajo. Nada, no hay nada, un gran vacío mental.

Entran, vienen y van mas pinchazos, sus agujas son inagotables. Esta mañana han entrado dos, las escucho, hablan bajito; la mayor dice: mira, éste ya está listo. Papeles. Dicen algo más que no entiendo y se van. Estoy perplejo, ahora mis ojos sí están abiertos y el sopor nebuloso ha desaparecido de repente, ¿me estoy muriendo de verdad? Hostia. Hostia, esto no puede ser, la sensación de debilidad es grande, pero despertar a la realidad me da fuerza. A ti entrego mi vida y mi voluntad, dame fuerzas para cumplir con mi destino. Recordé los mantras y sistemas que a base de repetir miles de veces una frase se grava en la mente y produce cambios en el comportamiento y el cuerpo. Claro que lo recordé, había dejado de fumar así seis años atrás, busqué una frase sencilla, “me voy a curar”, y comencé a repetirla hasta quedar dormido, hasta que la frase ya no tenía sentido, me voy a curar, me voy a curar, miles de veces, y puede que por la medicación y esta actitud o las dos cosas a la vez, comencé a sentirme mejor. Quizás el tomar las riendas de mi recuperación como parte activa fue el comienzo de una etapa nueva, de fuerzas nuevas, de esperanzas nuevas, de compromiso nuevo y de nueva lucha.

Ataque de fiebre, convulsiones, noche memorable de trajín incesante, gracias enfermeros.
¿Cuándo acabara esto?

Pasan los días. Primer paseo: cinco minutos para recorrer la habitación. Recuerdo la media maratón como un sueño de ciencia ficción. Así son las cosas. Me miro al espejo y un extraño ser huesudo, ojeroso, amarillo y orejón me mira, así que yo también lo miro a ver cual es mas feo de los dos. La verdad, me da igual quien gane, porque ese cuerpo demacrado con casi 25 kg menos abriga en la mirada un brillo tenue, una extraña combinación entre la paz del silencio y el rugido del León...

Mi hígado esta como un balón de rugby , una nueva batalla me espera, espero ser digno rival.