Testimonios de Antonio Ballano. La inquebrantable voluntad de vencer II

Estoy enfermo.
El cáncer quiere batirme.
Lucho.
Mi enemigo es fuerte y poderoso.
Mi entrega en la lucha es total.

Mil males me aquejan.
No consiguen doblegarme.
Todo duele, escuece, sangra.
Pero en la luz de mi mirada.
Se esconde el fuego de la consciencia.
Avivado por cada respiración.
Por cada latido, por cada instante.
Mi cuerpo se marchita, mi alma florece.
Puedo tener una enfermedad, o una enfermedad y un infierno.

Posiblemente no sea dueño de mi destino pero sí lo soy de mi actitud.

Y una actitud comprometida con mi yo, una actitud activa ante mi enfermedad, en la que pueda interiorizar y descubrir esa parte espiritual innata en todo ser humano, puede transformar mi percepción de la enfermedad y permitirme llevarla de una forma digna serena y consciente.

Llevar paz a mi interior, y a las personas que nos rodean nos aman y amamos, no es un camino fácil y los obstáculos son numerosos, pero merece la pena intentarlo con todas las fuerzas.

Hay momentos en que todo parece perdido; no pasa nada, es fácil retomar el sendero si tengo las coordenadas claras.

El tiempo pasa rápido como una flecha

El tiempo se me escapa, llena de ansiedad la idea de vivir un tiempo limitado;
¿Cuánto Dr.? Tres meses, un año dos, depende, cada persona es un mundo… El poner fecha de caducidad a mi vida me resulta angustioso, mis posibilidades de curación son prácticamente nulas y los tratamientos agresivos.

El estar recibiendo quimioterapia hasta el fin no es un gran consuelo, pero es el camino; y todo mi trabajo de aceptación debe de ir encaminado a soportar con entereza los inconvenientes y efectos limitativos de la terapia.

Y prepararme para afrontar el paso de la muerte cuando llegue el momento. Pienso en lo mejor, me preparo para lo peor. En este sentido la meditación esta siendo una herramienta formidable…

Es una lucha diaria nada fácil, pero incluso hasta los peores momentos simplemente pasan.

Procuro ir a las sesiones con alegría y buen humor estoy vivo gracias a ellas;
¿dónde va a estar mejor un cuarentón como yo, rodeado de enfermeras guapas y simpáticas que están pendiente de uno?.

No soy dueño del tiempo, pero si puedo hacer algo en el presente es vivirlo; y esto implica aceptar los momentos duros y no apegarme a los placenteros.

Mi estado de animo fluctúa sobre todo, y es normal, antes y después de la quimio; después experimento dolor, diarrea, nauseas y un cansancio y malestar infinitos que me dejan inerme, sin fuerzas; es aquí cuando mi estado de ánimo se ve mas afectado por este entorno un poco despiadado.

Es momento de usar recursos: olvidando el papel de victima, el enfado o el sentimiento de derrota; e intento usar el pensamiento positivo para no hundirme en la depresión.

Intento generar un ambiente de calma interior y relajación hasta que pase lo peor y mitigar aun un poco todos estos síntomas tan adversos. A veces sólo me resulta posible dejar pasar el tiempo y los pensamientos, no dejarme arrastrar por sentimientos como el temor, el miedo, que son las sensaciones mas paralizantes que puedo tener. No los rechazo, los acepto como parte del proceso; sólo centrarme en la respiración y dejarme, es suficiente, mañana será otro día. Hoy esta muy nublado para tomar el sol.