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Testimonio de Ester Azpiazu

Me cuesta expresar con palabras todo lo que he sentido en el acompañamiento de mi madre, en el acompañamiento de sus últimos días.

Estoy haciendo la Formación Vivir un Buen Morir. Me he dado cuenta de que estar haciendo esta formación me ha hecho vivir la experiencia de la terminalidad de mi madre y el acompañarle en sus últimos días, en su agonía, lo he vivido de una manera diferente, lo he sentido sobre todo desde la calma y la paz.

Todas estas frases que había oído a lo largo de la formación: en el acompañamiento es importante crear un buen ambiente, música, meditación; todo ello me fue viniendo a mi mente y sentía que tenía necesidad de hacerlo.
Le puse sus canciones favoritas o que yo las sentía así; eran canciones que ya llevaba tiempo poniéndole a lo largo de su enfermedad. Estas canciones son Txoriak Txori de Mikel Laboa y Aurtxo Txikia.
Meditamos; el ambiente que se fue creando era tranquilo, ella estaba tranquila.

Me costaba entender, cuando me comentaron en la formación, que una persona con demencia en los últimos momentos de su vida podía tener momentos de consciencia. He de decir que con mi madre así ha sido. Siento que ha sido una de las experiencias de mi vida más reconfortantes, llevaba mucho tiempo sin verla a ella con esa consciencia y no había palabras, sus ojos y la expresión de su cara lo decían todo, transmitían tanto. Estos momentos de consciencia llegaron con la música, con las maravillosas canciones de Txoriak Txori y Aurtxo Polita.

Le hablé, le dije que estuviera tranquila que todo estaba bien. En sus últimas respiraciones le hablaba y le decía que no tuviera miedo, que se fuera en paz, que soltara, que caminara libre. Ahora que estoy escribiendo me doy cuenta que también me lo decía a mí.
Me fui dando cuenta que mi angustia por verla marchar, por pensar cuando será la última respiración, era mía; me di cuenta como tantas veces nos ha dicho Mar que ella era la protagonista y que necesita su tiempo, cada uno tiene su tiempo para morir; como para nacer.
El acompañarle en sus últimas respiraciones fue una sensación de alegría y tristeza. El hablarle en estas últimas respiraciones que fuera soltando, caminando libre, siento que me salía del corazón.
Por otro lado estaba la tristeza de su marcha, la tristeza de decirle adiós a mi madre, aunque tuviera este sentimiento de tristeza la sensación de paz y calma que tenía no la puedo explicar con palabras.

Los momentos de mayor presencia que he tenido en mi vida han sido en el acompañamiento de la ama, estar en su respiración no en la mía, estar en ella desde el corazón.
Dicen que mueres como vives; está frase la escuche en la formación, ahora lo entiendo más. La calma y tranquilidad de la ama en su proceso de morir ha sido para mí un ejemplo de cómo ha sido ella en su vida, siento que nos ha dado un ejemplo hasta el final. Un regalo para todos los que estuvimos con ella acompañándola en sus últimos días. Esa alegría y paz que sentí desde dentro, dentro está conmigo.

Tras su partida ahora estoy viviendo mi duelo por su marcha. Esto es otra parte del final de viaje, un proceso en el que estoy siendo consciente de muchas emociones permitiéndome vivir la tristeza de su ausencia.

No tengo palabras para agradecer a la Fundación Vivir un Buen Morir la atención y acompañamiento que recibí por parte de ellos, no nos veíamos pero hablábamos por teléfono, el hablar y sentirme escuchada me dio fuerzas para seguir.

Gracias.

Un abrazo desde el corazón

Ester Azpiazu

Donostia 03 de Mayo de 2018