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El valor del acompañamiento 3 - El sonido del silencio

En la soledad de la noche te encuentras afrontando el cuidado y regalando presencia.

La comunicación se vuelve sutil y solo puedes regalar presencia escuchando la voz del silencio; no hay palabras, pero un sólo gesto puede marcar la diferencia entre la cercanía y la lejanía en el acompañamiento. 

En silencio observas la respiración que cada vez es más pausada y en gesto amoroso compartes ese gesto que nos conecta a la vida y que también nos desvincula con nuestra propia naturaleza. Una respiración es el comienzo de una vida y también lo que nos indica que el ciclo vital ha finalizado, cerrando el círculo de la Vida, haciéndose cada vez más sosegada y espaciada. 

El silencio también es fuente de sufrimiento y de desdicha porque queremos proteger a quien sufre, pero tenemos miedo de enfrentarnos a aquello que nos resulta demasiado doloroso para afrontarlo y creamos un muro que dificulta la comunicación sincera y auténtica que nos permite gestionar la despedida. 

En silencio evitamos enfrentarnos a nuestros miedos, evitando palabras incómodas que nos muestren nuestra vulnerabilidad y tenemos miedo y nos resulta muy doloroso asumir la despedida de nuestro ser querido.
Nos resulta muy dificil mantener la mirada de quien sabe desde la certeza que su tiempo se acaba y solo quiere consuelo sincero y auténtico y una mano amiga que le ayude a no sentirse tan solo aún estando acompañado. 

En silencio ocultamos las lágrimas de la desesperanza y tememos compartirlas con quien queremos porque queremos que no nos vea sufrir. Pero compartir las lágrimas del desconsuelo es un bálsamo sanador y reconfortante que nos permite una apertura del corazón.

Julia Gómez Lasheras