"Cuentos de Tokyo", en Zaragoza, Cine-Foro "Muerte digna"

Segunda proyección del ciclo “Cine y Muerte Digna”: Cuentos de Tokio

Con posterior coloquio moderado por María José Ochoa Cepero, psicóloga y docente de la Formación VBM.

En “Cuentos de Tokio”, se nos cuenta el viaje que realiza una pareja de ancianos a Tokio para poder visitar a sus hijos, allí residentes. Este director refleja con maestría la metáfora del último viaje para abordar la muerte.
Destacamos las siguientes conclusiones surgidas en el debate posterior a la película.

• La humanidad que transmite este filme es emocionante, hermosa, y realista; en su simplicidad radica toda su fuerza.
• El ciclo de la vida reflejado en la metáfora del viaje en tren. El afrontamiento de la pérdida cuando se es mayor. Esta película refleja el viaje hacia la soledad y el recuerdo porque lo único real es el pasado que vivieron juntos y ahora se les escapa de las manos.
Una película sobre el paso del tiempo, la soledad, la vejez, la muerte, el sentimiento de culpa, el apego. Hay un desajuste del tiempo vivido por los padres y el de los hijos. En una sociedad donde prevalece lo inmediato, hay un desfase cuando uno se está muriendo, donde el tiempo adquiere otra dimensión.
La soledad de los mayores cuando enferman, en una sociedad donde no hay cabida para ellos; las continuas pérdidas que se afrontan cuando se es mayor. La persona mayor ha dejado de ser un referente en una sociedad deshumanizada. Se alcanzan edades cada vez más longevas, pero no siempre acompañado de calidad de vida y de dignidad.
• La muerte y la enfermedad, tienen su propio proceso, quien se va a morir marca sus propios tiempos. La vida no se paraliza cuando muere alguien, y en entornos hospitalarios, inmersos en la propia rutina se aprecia el desfase del ritmo de quienes han de afrontar el fallecimiento del ser querido y el de quienes trabajan allí. Hay falta de empatía y sensibilidad hacia el que se muere y las familias. Imposibilidad de mantener una comunicación auténtica si hay miedo.
En la sociedad actual, muchos se enfrentan a la muerte por primera vez cuando sus padres son mayores. Las personas mayores tienen mayor capacidad de aceptar lo inevitable y afrontan su final con serenidad.
La angustia ante la muerte genera dolor físico. Para realizar un acompañamiento hemos de ser capaces de enfrentarnos a nuestros propios miedos ante la muerte. Sólo así podremos afrontar un acompañamiento de calidad y facilitar una comunicación auténtica y sincera.
Aprender a morir implica aprender a vivir. El morir se aprende cuando se está vivo.
Nacemos y morimos solos. Las creencias espirituales son importantes para afrontar el final de la vida.
• La no aceptación genera mucho sufrimiento. Es necesario integrar la muerte como final del ciclo de la vida. Integrándola en la vida se vive más plena y conscientemente.
• Las personas que se están muriendo son plenamente conscientes de ello, aunque su entorno no quiera compartirlo para evitar un sufrimiento innecesario. La conspiración del silencio dificulta la comunicación auténtica e impide al moribundo poder despedirse y resolver sus asuntos pendientes.
Los médicos y personal sanitario no están preparados para afrontar la muerte, se sigue viviendo con mucho sufrimiento y angustia y se considera un fracaso no ser capaces de curar. • Quien se dedica a acompañar a otros no es insensible al sufrimiento ajeno.
• Acompañar desde la calidad de presencia, saber captar lo sutil de la comunicación con el otro. El acompañamiento al que se muere es un viaje que te transforma profundamente, te humaniza, es una fuente de sabiduría. Hay que ser honestos con el otro, acompañando desde la Verdad.